
15 de junio de 2010
El Tiempo
"Tiene que haber una salida política", dice el alto oficial en entrevista con EL TIEMPO.
El general Luis Herlindo Mendieta luce ya las dos estrellas que lo acreditan como el oficial más antiguo de la Policía Nacional.
En entrevista con EL TIEMPO, Mendieta dice que a pesar de operaciones tan exitosas como 'Camaleón', que los devolvió a casa a él y a otros tres uniformados después de 12 años de secuestro, la solución tanto para traer a sus compañeros de cautiverio como para acabar con el conflicto debe ser negociada.
A usted las Farc lo secuestran en Mitú en 1998. ¿Pensó que esta pesadilla iba a durar tanto tiempo esta pesadilla?
Pues uno está preparado en ese momento hasta para la muerte. A medida que va pasando el cautiverio, uno todos los días le pide a Dios que sea el último. Y pasan días, semanas, años. En eso está la fortaleza espiritual y a mi, gracias a Dios, me acompañó esa fortaleza. Él me ayudó y me protegió siempre y pude soportar. Siempre esperé que llegara mi día. Cada uno tiene su hora, a mí me llegó el domingo. Yo soy muy religioso: siempre sigo 'Dios, hágase tu voluntad'. 'En el momento que tú digas'. Así pensaba todos los días. Él se tomó su tiempo.
Usted fue ascendido a general el año pasado. ¿El hecho de ser general alejó la libertad?
El Mono Jojoy en los primeros meses de cautiverio me dijo: 'coronel, usted es el último'. Por eso yo quería que todos salieran, porque uno más que salía me iba recortando el tiempo. Siempre pensé que iba a ser el último en salir.
¿Qué diferencias hay entre las Farc de hoy y las que se lo llevaron secuestrado en el 98?
En el momento de la toma, llegan unos 2 mil guerrilleros, su fortaleza era impresionante. Ya después empiezan las operaciones y las Farc van disminuyendo ese accionar. Eso lo mide uno por los que lo cuidan: al comienzo teníamos mucha gente de seguridad, anillos de 300 guerrilleros alrededor; 120 directamente con nosotros; en los últimos años, los que contamos eran solo 34.
¿En qué momento empiezan a pensar en que un rescate era posible?
En mi caso, desde el 1 de noviembre de 1998. Eso uno siempre lo tiene en mente, cualquier acción de vida o muerte. Uno se aferra a la vida. Yo esperaba siempre que de la selva saliera alguien a hacer una operación, todos los días miraba hacia los árboles a ver si veía un casco. Y ese domingo finalmente lo vi. Uno siempre espera el milagro del rescate. Dios los orientó el domingo y los que hicieron la operación llegaron al punto exacto y a tiempo, porque se corría riesgo de una ejecución. La acción de las Fuerzas Militares fue contundente: la alternativa de los guerrilleros era vivir o morir, y ellos prefieren vivir y salen corriendo.
Desde el 2007 empieza una serie de golpes a las Farc. Ese declive de la guerrilla lo sintieron los secuestrados?
La situación nuestra es que uno está preparado para vivir o morir. Allá eso de lo que usted habla se sintió por segundos, y uno volvía a la rutina. Un hecho grande para los colombianos no lo veíamos.
Ellos sí lo notaban. Con 'Jaque' se desmoralizaron. Hace pocos días nos dijeron que 'César' se había vendido, que los entregó; a él le echan la culpa de ese golpe.
¿La guerrilla utiliza las pruebas de supervivencia para sacar provecho político?
La disposición del secuestrado es que la prueba de supervivencia salga, pero es cierto que son totalmente manipuladas. Lo único que uno quiere es que le lleguen a la familia y que después le respondan por la radio. Pero en el caso mío siempre di mis apreciaciones personales.
¿Cuál es la salida con las Farc?
Tiene que haber una salida política. El espacio lo tiene que dejar abierto, si no una puerta, por lo menos una ranura. El Gobierno tiene que dejar un espacio para que los otros secuestrados recobren la libertad. Y las Farc tienen que cambiar su posición, propiciar un acuerdo político, hablar. Se tienen que dar unas condiciones, las Farc tienen que aceptar que esos hombres que tienen allá tienen derecho a recuperar su vida.
Los Generales al frente de 'Camaleón'
"Esta operación tiene que ratificarle a los colombianos la confianza en su Ejército. El resultado es la suma de todos los esfuerzos y el empeño del grupo de hombres que durante meses se dedicó exclusivamente a diseñar el regreso de los secuestrados.
Pero es también un mensaje claro para los todos los secuestrados: no los vamos a dejar abandonados y olvidados en la selva".
"Camaleón se puede resumir en dos palabras: ingenio y exactitud. No nos desviamos un metro del objetivo. Nosotros sabíamos para dónde íbamos y el ingenio y la creatividad de los hombres del Ejército fue fundamental.
En estos meses le apostamos a lograr el rescate y algunas operaciones se pararon en la mitad del camino porque las circunstancias cambian. Esta la terminamos felizmente".
Familiares de Murillo y Donato alistan bienvenida
Los familiares de los coroneles William Donato y Luis Enrique Murillo siguen esperando a que salgan del Hospital Central de la Policía para recuperar el tiempo perdido. Los dos fueron llevados al centro médico anoche tras la visita a la Casa de Nariño, por lo que solo hasta el mediodía de ayer pudieron hablar con sus familias.
La familia del coronel Donato adelanta los preparativos de una fiesta que le harán en Sogamoso y que incluirá un desfile por el pueblo boyacense.
Por su parte, la madre de Murillo, Robertina Sánchez, dice que su hijo llegó en el mejor momento. "Ya no aguantábamos más esta espera. Además llegó en pleno mundial de fútbol, que es lo que más le encanta", cuenta. Mientras tanto, en el Hospital Militar el sargento Arbey Delgado también es sometido a exámenes.
En el piso 12, su familia ha hecho turnos para estar con él en la habitación. Su madre, Ruth Amelia, dice que su hijo no ha cambiado en nada, sigue siendo el mismo que las Farc se llevaron.
Así fueron primeras horas de libertad
Luego de un lunes agitado con su familia y entre micrófonos, el general Luis Herlindo Mendieta fue sometido ayer a exámenes médicos. Él y sus compañeros rescatados están en 'buenas condiciones'.
El lunes, cuando regresó a la libertad, el general Luis Herlindo Mendieta no quería irse a la cama sin recibir la bendición de sus padres, doña María y don Alfredo. Por eso, al salir de la reunión con el presidente Álvaro Uribe pasó, casi de carrera, por su casa en el barrio Prado Veraniego, en el norte de Bogotá, a eso de las 9:30 de la noche.
"Fue una sorpresa, no lo esperábamos porque nos habían dicho que lo iban a llevar directo a la clínica", contó Carlos Ramírez Mendieta, sobrino del general.
La visita fue tan inesperada que, dice su hermana Carmenza, horas antes habían partido, sin él, la torta que la Policía les envío para celebrar el cumpleaños número 53 del oficial rescatado.
Unos 25 familiares llegaron a la sala de doña María para darle el abrazo al general. En el corto encuentro, que duró unos 15 minutos, los sobrinos y primos se presentaron y le mostraron fotografías de celebraciones de la familia.
"Charlamos y miró unas fotos del grupo familiar. Nos dijo que le encantaban porque para él es importante que continuáramos unidos. Eso era lo que nos decía en las cartas", agrega Carmenza.
Esa noche algunas de las primas de Jenny y José Luis -hijos del general- le preguntaron sobre cómo fueron los 12 años en la selva y qué había sido lo más duro.
En la visita, el general no comió, pero horas antes había probado el "bocadito" del almuerzo del Día del Padre que doña María le guardó el domingo al enterarse del rescate. Antes de las 10 de la noche salió, junto con sus hijos y esposa, a su casa en el norte, para preparar la maleta e internarse ayer en el Hospital Central de la Policía.
Banderas en el barrio
Cuando llegó, la calle 135 del barrio Contador parecía lista para celebrar el 20 de julio. Varias casas tenían izada la bandera de Colombia para recibirlo. Hasta el celador del conjunto, donde la familia Mendieta esperó a su esposo y padre por 12 años, se quedó para abrazar al general.
Pero como fue una estadía corta, los vecinos ya están organizando una bienvenida en grande, para cuando Mendieta termine los chequeos médicos. "Le vamos a traer mariachis y un regalo, que sí es sorpresa", cuenta en voz baja Claudia Ramírez, una de las vecinas. Una vez pudo entrar al apartamento, que no conocía, pues María Teresa y sus hijos llegaron allí hace siete años, el general, según contó, solo pudo dormir tres horas, pues paradójicamente la comodidad de la cama lo hizo despertar en varias ocasiones.
Y cuando ya no puso conciliar definitivamente el sueño, se levantó con hambre y un antojo: carne. Así que su desayuno fue bistec a caballo, huevos y chocolate. Al comer tuvo un poco de complicaciones con los cubiertos, pero Mendieta no permitió que le ayudaran a cortar porque, dice, tiene "que aprender de nuevo a usar esas herramientas", que no tenía en la selva.
Entre exámenes, Mendieta aprovechó para ver apartes de los partidos del mundial, y anticipó que su favorito es Brasil.
También, sacó tiempo para tomarse la foto de su nueva cédula, que perdió en la toma a Mitú cuando fue secuestrado. "Después de la toma mi padre quedó sin nada. Hasta los papeles perdió", contó su José Luis.
Por último, los médicos entregaron el parte médico: tanto el general como los coroneles William Donato y Enrique Murillo, están en buenas condiciones y empiezan un proceso de adaptación a su nueva vida.