EL HERALDO
12 de octubre de 2009
En su primera intervención en público, la nominada al Premio Nobel de Paz, la senadora Piedad Córdoba, se refirió a los retos que según ella tendrá el presidente Obama de ahora en adelante y su compromiso con la paz en Colombia. Córdoba también habló de Chávez y del conflicto colombiano.
¿Recibió con tristeza la noticia de no haber ganado el Premio Nobel de Paz?
Para nada. Haber sido nominada ya es para mí un gran triunfo, sobre todo porque el conflicto colombiano pudo ser conocido por mucha gente que antes no sabía lo que está sucediendo aquí en Colombia, y se le pudo decir al mundo que en Colombia hay un conflicto social y armado profundo, doloroso, de muchos años, que produce 4 millones de desplazados, 20 millones de pobres, 8 millones de indigentes…
Su postulación generó discrepancias, ¿por qué la nominaron?, ¿qué significó esa nominación?
Quiero entender esta postulación como una forma de legitimar las voces de las mujeres en la construcción de la paz. Esta nominación es un reconocimiento al valor y la fortaleza de las comunidades de paz, de las madres de quienes continúan privados de la libertad.
Estados Unidos ha sido un país considerablemente guerrerista, ¿qué opina del triunfo de Barack Obama como nuevo Nobel de Paz?
El triunfo de Obama es muy importante a nivel político y debe trazar la ruta de Estados Unidos en su política de paz a nivel mundial para que todo lo que dijo en su discurso de posesión sea una realidad. Ese premio debe significar el Obama de la esperanza, no el Obama de las bases militares.
¿El nuevo Nobel de Paz debe replantear la instalación de bases militares en Colombia?
Yo creo que sí. Y no sólo eso, la resolución del conflicto armado en Colombia debe ser una de las prioridades de Obama en la agenda de paz que deberá llevar por el mundo. Su premio, entonces, será fundamental no sólo para Colombia sino para toda América Latina, para la restitución de la democracia en Honduras, por ejemplo, para la eliminación de las desigualdades en el continente.
¿Pero no es esa una petición demasiado ambiciosa para un solo hombre, que además tiene a sus espaldas todo un sistema de Gobierno, una maquinaria estatal?
Pero es que ese premio es un compromiso. Obama de ahora en adelante debe ser el Obama de la paz y no de la guerra. Ese es el Obama que todos queremos ver, uno que desactive conflictos como el de Afganistán, o el de Irak o el de Guantánamo, es algo que se debe desplegar por todo el mundo: la profundización de la democracia, no a través de la guerra sino a través del fortalecimiento de la política.
Muchos de los que criticaron su postulación lo hicieron por su amistad con el presidente Chávez, ¿cree que eso influyó para que no ganara?
Lo que pudimos ver en los últimos días fue el odio y la exacerbación de las contradicciones más pueriles. Si eso influyó o no, a mí me tiene sin cuidado. Yo estoy muy orgullosa de mi amistad con el presidente Chávez, tengo un profundo afecto por su labor en América Latina. Y reitero: no estoy acompañada de delincuentes, sino de hombres y mujeres que están buscando otra alternativa y otra salida para solucionar los problemas.
En el plano local, ¿cómo va el proceso de liberación de los secuestrados?
En su último comunicado las Farc quedan a la espera de la disposición logística del Gobierno. Sólo falta eso y designar un país aliado. El Presidente ha sido muy serio en este tema.
Están por ser liberados
En los próximos días podrían recuperar su libertad el soldado José Daniel Calvo Núñez y el sargento Pablo Emilio Moncayo. También se entregarían los restos del mayor Julián Ernesto Guevara, muerto en cautiverio. Las liberaciones dependen de las gestiones que adelantan el alto comisionado para la Paz, Frank Pearl, la Iglesia Católica y la Cruz Roja Internacional. Esa entrega conduciría al inicio del intercambio humanitario de todos los secuestrados.
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