Me encontré una cita escabrosa del paramilitar Carlos Castaño: "Me dediqué a anularles el cerebro a los que en verdad actuaban como subversivos de ciudad" y la descripción de cómo armaba listas de "enemigos" para asesinar con seis patriotas que describió como "verdaderos nacionalistas". Claudia López. Columnista de EL TIEMPO.Estaba en Europa trabajando en algo que nada tenía que ver con mi nacionalidad; sin embargo, muchos me preguntaron con interés por mi país. Explicar la situación colombiana de hoy deja al mismo tiempo una profunda sensación de satisfacción y otra de incertidumbre.
El país ha mejorado notablemente, les reafirmé a todos. El homicidio y el secuestro han bajado. El Estado ha recuperado control y presencia en buena parte del territorio que antes ocupaban guerrillas o paramilitares. Eso ha mejorado la movilidad interna y la confianza. La economía y la inversión están creciendo. Por todo eso, el Presidente tiene amplio respaldo.
Entonces ¿por qué la incertidumbre?, preguntaban. Porque la política va peor y la justicia está en peligro. Les expliqué la 'farcpolítica' y la 'parapolítica'. Nadie entendía cómo se mantiene un gobierno que tiene en la cárcel al 20 por ciento de su bancada parlamentaria. Les expliqué que en Colombia no hay sistema parlamentario.
Uno de mis interlocutores llegó a una conclusión aguda: eso es muestra de increíble estabilidad o de profunda complicidad. Un poco de ambas, contesté. Para alguien que llegaba a esa primera conclusión era fácil llegar a la segunda. La Justicia está en peligro porque ha metido a la cárcel a políticos poderosos, cercanos al Presidente, y estos han reaccionado usando todo su poder para obstruirla y deslegitimarla.
La mayoría suponía que ante esa situación por lo menos se tendría previsto convocar nuevas elecciones de Congreso. Todo lo contrario, les expliqué, el Congreso sigue vigente, acaba de hundir reformas que pretendían castigar sus vínculos criminales, se apresta a elegir nuevos magistrados de las cortes y a cambiar la Constitución por segunda vez para mantener en el poder al actual Presidente.
Eso es como un golpe de Estado, dijeron algunos. Me di cuenta de que tenía pocos argumentos para contradecir esa última conclusión. Dije que esperaba que las cosas no llegaran a ese punto.
Luego de una intensa semana de trabajo y ese tipo de conversaciones, decidí que el fin de semana revisaría mi correo, terminaría de leer el libro El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince, y saldría a caminar con el ánimo de desconectarme.
En el correo tenía mensajes de dos amigos que tuvieron que irse recientemente de Colombia porque su vida corría peligro. De ambos se siente la nostalgia, con ambos se comparte la tristeza.
Ambos tuvieron que irse por denunciar el matrimonio de violencia y política. Habíamos trabajado juntos en investigaciones de 'parapolítica'. Pensé que esos no deberían ser los gajes del oficio en el país que había descrito orgullosa pocas horas antes por sus mejorías en seguridad.
Retomé entonces la lectura de la última parte del libro. Me encontré una cita escabrosa del paramilitar Carlos Castaño: "Me dediqué a anularles el cerebro a los que en verdad actuaban como subversivos de ciudad" y la descripción de cómo armaba listas de "enemigos" para asesinar con seis patriotas que describió como "verdaderos nacionalistas". Me atormentó la curiosidad de pensar cuántos de esos nacionalistas siguen empoderados y libres, como para que haya gente que todavía se tiene que exiliar.
Para alejar ese pensamiento, me fui a caminar por las calles medievales. Súbitamente, un hombre delgado, de barba larga y pelo cano, se acerca y me pregunta si soy Claudia López, que escribe en EL TIEMPO. Me pide permiso para darme un abrazo y sus ojos se humedecen. "Soy refugiado hace diez años", me dice, y luego agrega: "¡Ay, hija, su voz habla por muchos de nosotros!". Lo abracé de vuelta con todo el afecto que pude.
De repente el país que había descrito en mis conversaciones parecía una nueva versión, igual de intolerante, sólo que más politizada y legitimada, de la barbarie que nos ha azotado desde hace décadas. Comprendí que esa es, en realidad, la fuente de nuestra incertidumbre.
Claudia López